México

Situación y Estudios Previos en Acapulco y las Costas de Guerrero

En México, el dengue ha tenido una expansión importante en la última década: de 5,018 casos registrados en 2003 se pasó a 48,456 a 2007, es decir, casi 10 veces más. Al mismo tiempo, el mosquito vector se ha ido introduciendo en estados donde antes no estaba, y en aquellos donde sólo se encontraba en áreas urbanas, ahora se encuentra en zonas rurales. De allí que el programa específico de dengue 2007-2012 de la Secretaría de Salud considere al dengue un problema de seguridad nacional.

El estado de Guerrero, situado en la región sudoeste de México, tiene la segunda tasa más alta de fiebre por dengue hemorrágico en el país (35/100,000), con las cuatro variedades o serotipos de la enfermedad en circulación. En la última gran epidemia en 2006, se abrió una sala especial en un hospital de Acapulco para recibir casos de dengue hemorrágico. Guerrero, con una población de más de 3 millones de habitantes, es uno de los estados más pobres de México. Acapulco y Zihuatanejo son grandes centros turísticos en el área costera, donde el dengue es endémico. Los visitantes regresan a todas partes de México, Estados Unidos y Canadá.

La estrategia del gobierno de Guerrero para el control del mosquito vector Aedes aegypti consiste en el depósito, cada tres meses, de una bolsa conteniendo larvicida organofosforado temephos en contenedores de agua en los hogares. La legislación mexicana permite esta intervención sin el consentimiento de los jefes de hogar, aunque el temephos no ha sido aprobado para consumo humano en los Estados Unidos, donde se produce. Estudios no financiados por la industria han documentado toxicidad animal sub-letal y capacidad de generar daños genéticos. La resistencia de los mosquitos al temephos también está bien documentada.

Estudios del CIET en Guerrero

CIET ha realizado distintos estudios sobre este tema en comunidades costeras del Pacífico, en el estado de Guerrero, desde 1988. Ese año, una investigación sobre malaria y dengue reveló que, a pesar de creer que tenían una idea clara sobre los mosquitos portadores de estas enfermedades, la gente de las comunidades no sabía que los mosquitos provienen de larvas cuyos números pueden controlarse al eliminar los sitios de reproducción.

En 2004, CIET realizó una encuesta en 13 conglomerados residenciales de Acapulco, para medir los conocimientos, las actitudes y las prácticas relacionadas al dengue. La encuesta abarcó 1.412 hogares y 6.678 habitantes. Además de administrar un cuestionario en cada hogar, los equipos de encuestadores inspeccionaron posibles sitios de reproducción para el mosquito Aedes aegypti.

Casi todos los encuestados tenían algún conocimiento relacionado con el dengue, como el papel del mosquito y sus hábitos de reproducción. Menos de un tercio de los participantes sabía todo lo necesario para lidiar con el problema de modo adecuado. En lugares donde las inspecciones detectaron la presencia de larvas del mosquito, el mayor factor era la falta de coberturas adecuadas en los contenedores de agua. Sólo un hogar de cada cuatro tenía sus contenedores de agua cubiertos adecuadamente.

Con el apoyo de los investigadores del CIET, un estudiante de posgrado llevó a cabo una encuesta de niños en 24 escuelas primarias y 12 secundarias de Acapulco, para evaluar sus conocimientos sobre el dengue y cómo controlarlo. Sólo el 11% tenía conocimientos adecuados sobre la enfermedad y el 8% comprendía cómo se transmite. Pero la disposición de los niños y jóvenes para participar en el control de la reproducción del mosquito dentro de sus hogares era muy alta. El estudio dejó en claro que, con adecuada educación sobre la enfermedad y las formas de prevenirla, estos jóvenes podrían ser un recurso importante para remplazar la estructura jerárquica de los esfuerzos por controlar el dengue mediante acciones con bases en las comunidades y los hogares.

Estas investigaciones, junto a un proyecto piloto del CIET para el control del dengue a partir de la participación comunitaria basada en la evidencia en Managua, Nicaragua, entre 2004 y 2007, sentaron las bases para el desarrollo de la experiencia Camino Verde en México.